¿Retinol o bakuchiol? Dos caminos hacia el mismo objetivo

Si tuviéramos que elegir un solo ingrediente que haya marcado el mundo del cuidado de la piel más que la mayoría de los demás durante los últimos veinte años, probablemente sería el retinol. Gran parte del cuidado antiedad moderno se ha desarrollado en torno a él y, a día de hoy, sigue siendo uno de los principios activos más recomendados para mejorar la textura de la piel, reducir la apariencia de las líneas de expresión y unificar el tono cutáneo.

Sin embargo, en los últimos años ha empezado a sonar con fuerza otro nombre: el bakuchiol. En las redes sociales suele presentarse como una alternativa natural al retinol e incluso, en ocasiones, como su sustituto. Esto plantea inevitablemente la pregunta de si realmente merece la pena reemplazar el retinol o si se trata simplemente de una tendencia impulsada por el marketing.

La realidad es que la respuesta no es tan sencilla. El retinol y el bakuchiol no son competidores directos. Cada uno tiene sus propias ventajas y puede adaptarse mejor a distintos tipos de piel.

¿Por qué se considera el retinol el estándar de referencia?

El retinol pertenece a la familia de los retinoides, derivados de la vitamina A. Su popularidad no se debe únicamente al marketing, sino sobre todo a décadas de investigación y estudios clínicos. Gracias a ello, se ha convertido en uno de los ingredientes cosméticos mejor estudiados que existen.

El retinol está asociado a una mejora de la textura de la piel, al estímulo de la producción de colágeno, a una mayor uniformidad del tono cutáneo y a una reducción visible de las líneas finas. Por eso no sorprende que forme parte de un sinfín de sérums, cremas y recomendaciones dermatológicas.

No obstante, no todas las pieles lo toleran igual de bien. Especialmente al inicio de su uso, puede provocar enrojecimiento, descamación, sequedad o una mayor sensibilidad. Precisamente este periodo de adaptación hace que muchas personas abandonen el retinol antes de empezar a notar los primeros resultados.

¿De dónde procede el bakuchiol?

El bakuchiol se obtiene de la planta Psoralea corylifolia, también conocida como babchi, utilizada desde hace siglos en la medicina tradicional ayurvédica. Sin embargo, su incorporación al mundo de la cosmética moderna es relativamente reciente, coincidiendo con la publicación de estudios que analizan sus efectos sobre la piel.

El interés por el bakuchiol aumentó rápidamente cuando se observó que podía influir en determinados procesos cutáneos de forma similar al retinol, pero con una tolerancia generalmente mucho mayor. De ahí surge el término «retinol natural», tan frecuente hoy en día en los materiales de marketing.

Conviene recordar, sin embargo, que similar no significa idéntico.

¿Son realmente tan parecidos el retinol y el bakuchiol?

A primera vista, sí. Ambos ingredientes se relacionan con el cuidado de los signos del envejecimiento, una piel con una textura más uniforme y un aspecto más fresco y saludable. Pero ahí terminan en gran medida sus similitudes.

El retinol cuenta con décadas de investigación y una enorme cantidad de evidencia científica que respalda su eficacia. En el caso del bakuchiol, los resultados son muy prometedores, aunque la investigación es todavía mucho más reciente y el número de estudios disponibles es considerablemente menor.

Podría decirse que ambos persiguen objetivos similares. Sin embargo, el retinol sigue siendo la opción más potente y mejor respaldada por la ciencia, mientras que el bakuchiol ofrece un enfoque más suave que puede resultar más adecuado para determinados tipos de piel.

¿Cuándo merece la pena elegir bakuchiol?

Su buena tolerancia es una de las principales razones por las que el bakuchiol ha ganado tantos seguidores. Mientras que el retinol puede causar irritación, especialmente durante las primeras semanas de uso, el bakuchiol suele considerarse una alternativa mucho más suave.

Por ello, puede ser una excelente opción para personas con piel sensible o para quienes desean iniciarse en el uso de principios activos de manera progresiva. Además, muchos usuarios valoran que normalmente no sea necesario aumentar la frecuencia de aplicación de forma tan gradual como ocurre con el retinol.

Eso no significa que vaya a ofrecer exactamente los mismos resultados en el mismo periodo de tiempo. Si el objetivo es aprovechar al máximo el potencial del cuidado antiedad y la piel tolera bien el retinol, este sigue siendo una opción de gran eficacia.

¿Realmente hay que elegir?

Curiosamente, cada vez más marcas dejan de presentar estos dos ingredientes como rivales. Están apareciendo productos que combinan retinol y bakuchiol o que incorporan este último como complemento de los retinoides.

Así, en lugar de preguntarse «¿retinol o bakuchiol?», quizá sea más útil plantearse qué nivel de intensidad necesita la piel y cómo tolera los distintos principios activos.

Porque en el cuidado de la piel rara vez existe una solución universal para todo el mundo.

¿Qué influye más en los resultados que el propio ingrediente?

Sorprendentemente, ni el retinol ni el bakuchiol.

Muchas personas buscan un ingrediente milagroso que transforme su piel en pocas semanas. Sin embargo, hay un factor mucho más importante: la constancia.

Utilizar retinol de forma regular durante varios meses suele ofrecer mejores resultados que cambiar constantemente entre cinco sérums diferentes durante ese mismo tiempo. Lo mismo ocurre con el bakuchiol. Mantener una rutina bien diseñada suele ser mucho más importante que buscar continuamente nuevos productos.

Conclusión

El retinol y el bakuchiol no representan dos ingredientes enfrentados en los que uno tenga que imponerse al otro. Son, más bien, dos caminos diferentes hacia un mismo objetivo: una piel de aspecto saludable, más firme y cuidada de forma constante a largo plazo.

El retinol continúa siendo uno de los principios activos mejor estudiados y más eficaces de la cosmética moderna. El bakuchiol, por su parte, ha conquistado a muchos usuarios gracias a su suavidad y excelente tolerancia. Ambos enfoques pueden ofrecer muy buenos resultados cuando se adaptan a las necesidades específicas de cada piel.

Y quizá esa sea la conclusión más importante. Una rutina de cuidado de la piel eficaz no consiste en encontrar un único ingrediente perfecto, sino en elegir un cuidado que la piel tolere a largo plazo y que tenga sentido para cada persona.